Clay Pot Feast #1 : QUEIMADA [REVIEW]

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Crónica. L’Estruch, Sabadell. 16/05/2014 

Llego al taller 1 de Nauestruch, que comparto con mis compañeros de Placa Turca, cargada con la queimada. La había sacado por primera vez del taller en meses. Ya estaba lista. Frego con Laura el cuenco con patas y las tacitas. Tenemos una pica en nuestro taller, mira qué bien! Preparo el conjuro en galego, voy a imprimirlo con la ayuda de Clara en formato octavilla sobre papel reciclado. Unas 12 copias. Había traído de casa el azúcar de caña ecológico, el orujo, los granos de enebro que sustituyen a los de café y los limones de Viladecans. 

Se hacen las diez de la noche y llevamos una pequeña mesa de merendero versión casi infantil a una zona tranquila y poco iluminada del complejo de L’Estruch, rodeada de árboles, matorrales silvestres y paredes graffiteadas. Allí espero a que estemos reunidos y empiezo vertiendo el azúcar, tres tazas. Laura me ayuda cortando la piel de dos limones. Echo el orujo en el cuenco, casi un litro y medio. Añade Laura la corteza de limón y Salim varias semillas de enebro. Eulàlia se encarga de documentar con fotografías. 

Por intuición pienso en prender el orujo con el cazo de barro. Pero no hay manera de conseguir que las llamas se extiendan. Todos participan del momento, dando propuestas, tratando de prender el fuego. No me siento sola, pero viendo la imposibilidad de prender el orujo, el ánimo se va desvaneciendo y el temor crece. 

El comodín de la llamada de Óscar Abril Ascaso a Javi Álvarez (dj, integrante de DúoCobra…) resulta clave. El gallego, en mitad de una sesión, contesta el teléfono. Al otro lado, Óscar: –No te vas a creer lo que te voy a contar. Estoy en Sabadell intentando hacer una queimada. Y no sabemos como prenderla-. Javi le da las instrucciones mientras recita de memoria el conxuro. Insiste mucho en que es esencial recitarlo, pues puede no funcionar si se pasa por alto. 

Como también posteriormente a la queimada me dijo Xurxo Insúa, lo mejor para conseguir que el fuego se encienda es poner azúcar en el cucharón de barro, bien empapado en orujo y empezar calentando por debajo el cucharón. Después de un buen rato y tres mecheros quedando inservibles, unos por falta de gas, otros por desgaste de la piedra, el azúcar empieza a hervir. Empezamos a leer el conjuro. Risas y palabras inventadas de un chapurreado galego emanan de nosotros al unísono. Recitamos con ritmo, divertidos. Tirso trata de imitar el acento gallego e iluminamos los papeles con las linternas de algunos Smartphone. 

Finalmente el contenido del cucharón prende y la mirada atenta y animosa de todos, en círculo con la queimada en el centro se graba en mi memoria. Despacio, sintiendo la presión sobre mí y con todos los músculos contraídos, intento trasladar las llamas del cucharon al gran cuenco, con la intención de que todo el alcohol flamee. Hay tensión en el ambiente, parece que se apagan las llamas y luego se reavivan. Al fin lo logramos. Todo el perol en llamas de un azul eléctrico completamente irreal. Se vuelve todo magia. Los presentes hacen fotos y vídeos, no pensé que fuera tan espectacular. El fuego hechiza. 

Voy levantando el líquido ardiente al cielo con el cucharón. Llueven llamaradas azules con destellos naranjas. Nos dejamos fascinar un buen rato, mientras pequeñas conversaciones aquí y allá van surgiendo. El calor del fuego es agradable, pero nada como su presencia, su visión. Salim, Clara, Juan, Laura,… Muchos quieren probar de remover el orujo con el cucharón y jugar con las llamas. 

Transcurrido un tiempo, habiendo disminuido un poco las llamas, soplamos para apagarlas. Y es el momento de repartir el brebaje. Se terminan los vasos, debimos ser más de 15 personas. Lo pruebo la última, de la taza de Clara. El líquido caliente entra muy bien. Pero está fuerte, pienso que podríamos haberlo dejado más tiempo quemando. El sabor del orujo joven, aunque más dulce y considerablemente más bueno que solo, conserva su poderío. 

Todos se quedan, hasta los que afirmaban que habían de marcharse. Estoy feliz. Al acabar, después de recoger, Salim y Andrea se van juntos a casa de él, espero que a darse muchos mimos. Almudena nos acompaña a la estación de ferrocarril y nos reímos de vuelta a casa. Eulàlia le envía un mensaje a Óscar después de la queimada, una vez relajada y mientras asimilaba todo lo sucedido. Se intercambian palabras emotivas que me guardo para mí, pues por ella he tenido el privilegio de leerlas. 




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