CLAY POT FEAST” exhibition in FOODCULTURA Satellite Boqueria; (the opening)

El pasado viernes 18 de marzo se inauguró mi primera exposición individual en el satélite FOODCULTURA, un espacio ubicado en el Mercat de la Boqueria. Exactamente se trata del puesto nº437 de dicho mercado, y nace de la iniciativa de FoodCultura, o lo que es lo mismo, del artista Antoni Miralda y su equipo. 

El espacio es muy pequeño y tiene sus particularidades. Todos los proyectos que ahí se muestran tienen soporte audiovisual, puesto que una televisión-cajonera-vitrina con ruedas constituye un elemento indispensable e inseparable del espacio. Como también lo es Sant Stomak, un altar obra de Miralda que recibe ofrendas y bendice permanentemente el lugar. Además, una pared de pizarra completa esta tríada elemental y permite la intervención de los artistas en ella, siendo posible servirse de este gran soporte para enriquecer los proyectos con algún elemento bidimensional, sea dibujo, letra u otros. 

El proyecto que se expone no podía ser otro que Clay Pot Feast, que no es más que una mirada hacia la artesanía contemporánea como vehículo de experiencias colectivas a través de la comida y las implicaciones ideológicas que todo ello conlleva. Hace dos años, mientras investigaba para escribir uno de los ensayos que acompañan el proyecto Clay Pot Feast, descubrí el concepto FoodCultura y se volvió un referente muy importante para su desarrollo, al igual que la obra artística del propio Miralda. Éste lo define así: ”FoodCultura es un puente entre cerebro, estómago y corazón. Un espacio sin muros dedicado a la comunicación, la investigación y la historia global de la comida, las costumbres, las experiencias culturales y el arte”. En definitiva, el hogar perfecto para Clay Pot Feast.  

El modelo expositivo que finalmente hemos decidido adoptar para mostrar Clay Pot Feast en el espacio es peculiar, puesto que los pocos metros cuadrados disponibles no permitían disponer a la vez todas las vasijas cerámicas. Es por eso que cada semana se sustituirá por otra la pieza exhibida en la vitrina que ahora preside la parada, y así sucesivamente hasta que se hayan mostrado las cuatro piezas que a día de hoy componen Clay Pot Feast. La exposición se puede ver hasta el 27 de abril.


Me gustaría agradecer muy especialmente a Juan David Galindo y a Andrea L. Bernal, que me han apoyado mucho en la producción y el montaje de la muestra, y sin cuya ayuda inestimable todo esto no hubiera sido posible. También doy las gracias a Matteo Guidi, pues es un honor sucederle exponiendo aquí y me ha facilitado inmensamente el trabajo con las postales y las hojas de sala. A Grazia e Inés, que a lo largo de este mes abrirán la parada y atenderán a los visitantes. A Placa Turca, siempre mi familia y mi norte en este mundo tan complejo como fascinante. A Yaiza, Coralí, Miralda y todo el equipo de FoodCultura, gracias por su tiempo y sus halagos. 

Y cómo no, a todos los que vinisteis el viernes: profes y alumnos de Massana, familiares, amigos, artistas, regentes de las paradas colindantes, trabajadores del mercado, turistas curiosos, conocidos y desconocidos… Y a los que no me pudisteis acompañar físicamente pero me hicisteis llegar vuestro apoyo. Agradecida también por las buenas y constructivas críticas que siempre me ayudan a mejorar. Por vosotros y la cultura: ¡A seguir! 



Estudio

Hoy decido mostrar el espacio donde desde hace un tiempo trabajo, me relajo y me divierto. Porque tengo que admitir que muchas veces funciona más como espacio para reuniones y fiestas que para producción real de obra. 

Se trata de un ático abuhardillado situado en lo alto de un edificio de oficinas del centro de San Adrián de Besós. Tiene una terraza maravillosa con un pequeño huerto urbano y goza de una luz natural espléndida durante gran parte del día. 

De lo que me siento más orgullosa es de la reforma que realicé y del cambio que ha dado el espacio, cada vez más adaptado a mi forma de trabajar. También va reflejando poco a poco mi personalidad y está lleno de sutiles huellas y guiños de las personas que han pasado buenos ratos aquí y que aprecio y admiro.


Mi nueva adquisición es para mí la joya de la corona de todo lo que tengo aquí: mi torno de cerámica. De segunda mano, se lo compré a una persona muy especial y me da hasta un poco de respeto el pensar que de él han nacido cientos de vasijas de un grande como Joaquim Chavarría. 

Espero poder enseñar pronto más piezas producidas entre estas cuatro paredes, proyectos gestados aquí y ¿por qué no?, evidencias de nuevos y sanos jolgorios o guateques variopintos.  


Ceremonia de entrega de los Premios Nacionales de Artesanía 2014

Os comparto un momento del día de ayer. 

Junto a una comisión de Massana de la que formé parte en calidad de representante del alumnado del Grado en Artes y Diseño especializado en Artes Aplicadas, hicimos un viaje relámpago a Madrid para estar en la ceremonia de entrega de los Premios Nacionales de Artesanía 2014. 

Gemma Amat, como directora de la Escola Massana, recogió el premio (una figura que representa una mano abierta, producida a partir de fabricación digital -impresión 3D-) que reconoce la calidad pedagógica de un grado universitario que contempla la Artesanía en su plan de estudios y a cuya primera promoción, por cierto, me siento muy orgullosa de pertenecer. 


Nota de prensa: 
[català]

“El Grau d’Arts i Disseny de l’Escola Massana ha rebut el Premi Nacional d’Artesania 2014 en la categoria Promociona.

El Grau d’Arts i Disseny de l’Escola Massana i la Universitat Autònoma de Barcelona és la primera i única carrera universitària espanyola amb l’artesania com a especialitat i de les poques a tota Europa.

En la IX edició dels Premis Nacionals d’Artesania, 4 dels 15 finalistes eren catalans i finalment 2 han estat premiats: l’Escola Massana en la categoria Promociona Entitats Públiques i l’Associació Obrador Xisqueta del Pallars, en la categoria d’Emprenedoria.

Els Premis Nacionals d’Artesania els convoca el Ministeri d’Indústria, a través de la Escuela de Organización Industrial (EOI) i la càtedra Fundesarte, i la seva finalitat és donar recolzament institucional als professionals i a iniciatives empresarials del sector de l’artesania. Igualment, els premis tenen com a objectiu impulsar el desenvolupament i la competitivitat de les pimes del sector, per incentivar la innovació, el disseny i la capacitat d’adaptació al mercat. Els guardons s’han lliurat en una cerimònia presidida pel ministre d’Indústria, Energia i Turisme, José Manuel Soria, ahir dimarts 17 de març de 2015.”



+ llegir la notícia al web de l’Escola Massana


Clay Pot Feast #2 : PALAYOK [REVIEW]

-ONLY IN SPANISH-


Crónica. Camping Las Mimosas, Blanes. 01/06/2014 

Amenazaba lluvia y finalmente resulta ser de los días más calurosos de lo que va de año. Llegamos a Blanes con todo preparado, las verduras y la carne listas para empezar a preparar la comida. Nos acompaña mi abuela, Ascensión. Ella es de estas personas que le gusta que las cosas se hagan a su manera, y sin ni un pelo en la lengua. No se guarda nada, opina de todo lo opinable. Un reto para mí cocinar, con su ayuda y la de mi madre, un plato por primera vez: pinakbet. El reto que me había impuesto se me va haciendo de a poquitos cuesta arriba. Pienso en cómo vamos a cocinar sin tener idea del sabor de alguno de sus ingredientes, como la ampalaya. Monto el camping gas con la bombona de butano y me dispongo a trocear las verduras. Mi madre deshuesa la carne y mi abuela me ayuda a pelar verduras. Sorprendentemente me pregunta cómo debe cortar la cebolla. Eso sí, después de haber cortado los pimientos como le ha parecido, hecho que le cuesta una mirada recelosa de su nieta. 

No consigo encender el fuego. Por un momento pienso en cuando barajaba la posibilidad de abortar la queimada por no saber prenderla. Otra vez no, por favor. Mi madre se acerca y examina los fogones. Parece que no sale gas; no detectamos ningún sonido u olor. Trata de acercar la llama del mechero al apoyo metálico. No surte ningún efecto. Pero de repente lo ve: el seguro del cabezal de la bombona de butano está puesto y no deja salir el gas. Un descuido por mi parte… Pongo a hervir el palayok con agua y sal para curar la pieza y hacer que empiece a ganar calor. Será un rato no modesto, por lo que me siento mientras a ayudar a mi madre y mi abuela a pelar y trocear las verduras. Preparo la versión de la salsa bagoong, con anchoas, pimentón picante y dulce y sal. Las anchoas ya son muy saladas, pero se les añade más. Con mi madre, deducimos que el pinakbet se cocina sin sal, y es la salsa lo que le atribuye el sabor. 

Mi abuela nos cuenta historias de Murcia, su tierra. Adoro todo su repertorio, aunque ya lo conozca casi al completo. Su forma de relatar es profundamente hechizante, admiro su capacidad de sugerir escenarios y acciones. Mi imaginación despega y vuela alto con su principio de relato. Luego, al tiempo que empieza con los tomates, se sincera con nosotras. Se siente mal por algo entre mi tía y ella. Dejamos que se desahogue, a lo que reparo en que está quitando la piel de los tomates de una forma que no había visto antes. Le pregunto y me enseña a hacerlo. 

La ampalaya, esa hortaliza extraña con piel de cocodrilo -como me dijo un frutero de la calle Joaquim Costa-, me toca pelarla a mí. La corto por la mitad y a lo largo, como me parece, improvisando. Tiene unas pepitas enormes que no me esperaba. Entre las tres lo comentamos. Lo único que sé es que tiene un sabor muy amargo. Decido retirar toda la pulpa y dejar el exterior de la verdura, que troceo en láminas gruesas. Mi abuela pone pausa periódicamente a sus historias para mandarme a destapar el palayok, por si ya hierve. Está tapado correctamente e incluso puedo ver como se va evaporando el agua que contiene, pero no hay manera de hacerlo hervir. Hacemos tiempo con unas bebidas y mi prima Alba, de diez años, entra a saludar. Es mi devoción, una personita con un corazón tremendamente noble. Se alegra mucho al sabernos allí y me pregunta por lo que estamos cocinando. Le cuento que es un plato filipino y se extraña. No creo que sepa ni que existe un país llamado así y menos entiende el interés que suscita en mí cocinar comida de ese lugar. 

Viendo que el agua sigue sin hervir pero se ha reducido considerablemente, decidimos tirarla y empezar a cocinar. Como la pieza no tiene asas, nos vemos obligadas a utilizar dos trapos de cocina para alzar el palayok. Podría haber pensado en hacerme con unas cañas para construir un artilugio para moverlo, siguiendo el estilo filipino. Predecimos todas que no podremos introducir dentro del recipiente todas las verduras que hemos partido, al menos no de golpe. Decidimos entonces echar todo lo que podamos al principio, y a medida que vaya reduciendo, poner lo demás. Mi abuela sugiere reservar parte de las verduras que sabe que tienen bastante agua, como la cebolla o la berenjena, para que el jugo se mantenga hasta que esté todo hecho. Al poco empieza a oler maravillosamente. 

Se acercan mis primos, Adrián y Sonia, los padres de Alba y Lucía. Ellos afirman que no saben si estará bueno o no, pero tienen ganas de comprobarlo. Así pues, les invitamos a comer y preparamos una mesa con unos pequeños boles y cubiertos para cada uno y arroz para acompañar. Al poco, el jugo de las verduras empieza a hervir y añadimos lo demás. Me sorprende la cantidad de agua que desprenden las verduras, que se cuecen a fuego lento. El olor es cada vez más intenso y el apetito se abre de par en par. Transcurridos quince minutos, la comida está más que lista. Nos sentamos todos a la mesa y me dejan servir a todos. Mi padre, no muy amante de las comidas foráneas, se limita a comerse la carne. Y eso que es diabético y dicen que la ampalaya tiene propiedades que regulan el azúcar. Los demás aprueban el plato, nos felicitamos y mi abuela se arranca con otra historia. Hay cosas que no cambian ni comiendo comida filipina.





Clay Pot Feast #1 : QUEIMADA [REVIEW]

-ONLY IN SPANISH-


Crónica. L’Estruch, Sabadell. 16/05/2014 

Llego al taller 1 de Nauestruch, que comparto con mis compañeros de Placa Turca, cargada con la queimada. La había sacado por primera vez del taller en meses. Ya estaba lista. Frego con Laura el cuenco con patas y las tacitas. Tenemos una pica en nuestro taller, mira qué bien! Preparo el conjuro en galego, voy a imprimirlo con la ayuda de Clara en formato octavilla sobre papel reciclado. Unas 12 copias. Había traído de casa el azúcar de caña ecológico, el orujo, los granos de enebro que sustituyen a los de café y los limones de Viladecans. 

Se hacen las diez de la noche y llevamos una pequeña mesa de merendero versión casi infantil a una zona tranquila y poco iluminada del complejo de L’Estruch, rodeada de árboles, matorrales silvestres y paredes graffiteadas. Allí espero a que estemos reunidos y empiezo vertiendo el azúcar, tres tazas. Laura me ayuda cortando la piel de dos limones. Echo el orujo en el cuenco, casi un litro y medio. Añade Laura la corteza de limón y Salim varias semillas de enebro. Eulàlia se encarga de documentar con fotografías. 

Por intuición pienso en prender el orujo con el cazo de barro. Pero no hay manera de conseguir que las llamas se extiendan. Todos participan del momento, dando propuestas, tratando de prender el fuego. No me siento sola, pero viendo la imposibilidad de prender el orujo, el ánimo se va desvaneciendo y el temor crece. 

El comodín de la llamada de Óscar Abril Ascaso a Javi Álvarez (dj, integrante de DúoCobra…) resulta clave. El gallego, en mitad de una sesión, contesta el teléfono. Al otro lado, Óscar: –No te vas a creer lo que te voy a contar. Estoy en Sabadell intentando hacer una queimada. Y no sabemos como prenderla-. Javi le da las instrucciones mientras recita de memoria el conxuro. Insiste mucho en que es esencial recitarlo, pues puede no funcionar si se pasa por alto. 

Como también posteriormente a la queimada me dijo Xurxo Insúa, lo mejor para conseguir que el fuego se encienda es poner azúcar en el cucharón de barro, bien empapado en orujo y empezar calentando por debajo el cucharón. Después de un buen rato y tres mecheros quedando inservibles, unos por falta de gas, otros por desgaste de la piedra, el azúcar empieza a hervir. Empezamos a leer el conjuro. Risas y palabras inventadas de un chapurreado galego emanan de nosotros al unísono. Recitamos con ritmo, divertidos. Tirso trata de imitar el acento gallego e iluminamos los papeles con las linternas de algunos Smartphone. 

Finalmente el contenido del cucharón prende y la mirada atenta y animosa de todos, en círculo con la queimada en el centro se graba en mi memoria. Despacio, sintiendo la presión sobre mí y con todos los músculos contraídos, intento trasladar las llamas del cucharon al gran cuenco, con la intención de que todo el alcohol flamee. Hay tensión en el ambiente, parece que se apagan las llamas y luego se reavivan. Al fin lo logramos. Todo el perol en llamas de un azul eléctrico completamente irreal. Se vuelve todo magia. Los presentes hacen fotos y vídeos, no pensé que fuera tan espectacular. El fuego hechiza. 

Voy levantando el líquido ardiente al cielo con el cucharón. Llueven llamaradas azules con destellos naranjas. Nos dejamos fascinar un buen rato, mientras pequeñas conversaciones aquí y allá van surgiendo. El calor del fuego es agradable, pero nada como su presencia, su visión. Salim, Clara, Juan, Laura,… Muchos quieren probar de remover el orujo con el cucharón y jugar con las llamas. 

Transcurrido un tiempo, habiendo disminuido un poco las llamas, soplamos para apagarlas. Y es el momento de repartir el brebaje. Se terminan los vasos, debimos ser más de 15 personas. Lo pruebo la última, de la taza de Clara. El líquido caliente entra muy bien. Pero está fuerte, pienso que podríamos haberlo dejado más tiempo quemando. El sabor del orujo joven, aunque más dulce y considerablemente más bueno que solo, conserva su poderío. 

Todos se quedan, hasta los que afirmaban que habían de marcharse. Estoy feliz. Al acabar, después de recoger, Salim y Andrea se van juntos a casa de él, espero que a darse muchos mimos. Almudena nos acompaña a la estación de ferrocarril y nos reímos de vuelta a casa. Eulàlia le envía un mensaje a Óscar después de la queimada, una vez relajada y mientras asimilaba todo lo sucedido. Se intercambian palabras emotivas que me guardo para mí, pues por ella he tenido el privilegio de leerlas. 




1
Using Format